10 y van 4.

Bueno, es verdad que me he ausentado mucho y les pido una disculpa. Entre salidas, eventos, flojera y una computadora casi llena, he seguido postergando mucho esto, pero es hora de irme poniendo al corriente. Les prometo que me pondré al corriente y espero que sea este fin de semana. 
Pero no podía dejar pasar más tiempo para contar la aventura del día de hoy. 
Antes que nada, los pondré un poco en contexto.
El 16 de diciembre cambié de familia y debo confesar de que estaba aterrada porque no los conocía ni sabía nada de ellos, nada; me encontraba triste y con miedo pero una vez estando aquí, no podría ser más feliz. Me encanta mi nueva familia; mi mamá me recuerda mucho a mi tía Ana y a mi mamá, es una mezcla de las dos, es seria, pero simpática y no sé, algo tiene que me recuerda mucho a los Jiménez; mi papá es buena onda también, está chistosillo; tengo dos hermanos, un hermano menor que se ve buena onda pero como se la pasa en la escuela no lo veo seguido y una hermana de 19 años que me cae suuuuuper bien, es súper buena onda, simpática y buena conmigo; ay, no, me encanta. No digo que no fuera feliz en la otra familia ni mucho menos, pero no sé, aquí platico más y súmenle que ya llevo cuatro meses aquí, así que el cambio ya no era tan grande. Debo decir que no me podría encontrar más feliz y sin nostalgia y eso que pasó navidad. Que por cierto, también me la pasé de lo más feliz. 
En noche buena salí con mi hermana a ver los adornos navideños en Banqiao y todo muy bonito; después de eso nos fuimos a comer nieve y a comprar la cena que muy linda ella me compró que por ser navidad. Pasamos un muy buen rato juntas, buen tiempo de calidad entre hermanas; la adoro. Ya quiero ver a Itzel, esa chaparrina también me hace muy feliz. Y fue una excelente noche buena y también extraña, porque me fue muy raro andar en la calle en lugar de en “la cena”, pero bueno, ni tanta diferencia, porque nunca se sintió como navidad a pesar de los adornos y la música.
Ah, también ese día fui a Ximen a comprar cosas para hacer tarjetas navideñas y fui a una tienda que es mi paraíso: plumas, lápices, cuadernos, papeles, aaaah. 
Al día siguiente, es decir, navidad, llevé a cabo mi campaña de abrazos gratis junto con mi fiel amiga Nicole. Hice un letrero que decía “聖誕快樂 (Feliz Navidad) FREE HUGS”, nos conseguí un gorro de santa y una diadema navideña y ahí nos ven en los recesos gritando “FELIZ NAVIDAD” (en chino) y dándole abrazos a quien se dejaba. Porque déjenme decirles que son súper tímidos, así que sí nos costaba. A unos les valía, otras corrían a abrazarnos, otr@s se quedaban viéndonos como queriendo pero no y ya les decíamos que si querían abrazo y abríamos los brazos. Fue una excelente navidad en la escuela. Ah, porque sí, noche buena y navidad las pasé en la escuela, bien loco.
Ese mismo día, tuve cena con rotarios y aunque al principio estuvo aburrida, acabé bailando Gangman Style con las señoras de mi club, cantando Jingle Bells dos veces y riéndome a morir con un rotario borracho que no paraba de querer darnos vino y cuando intentaban detenerlo sólo decía “no problem, no problem” y nos seguía dando más. Pero nos llevaron a cantar y se detuvo, pero ah, estaba bien chistoso porque buscaba cualquier excusa para servirnos y si alguien no se lo tomaba decía “ooooh, not good, not good” y luego se tiraba al suelo cuando “perdía” y decía que había perdido, muy dramático él, jajaja. Y ahí lo veías de la nada como rezando en el piso y luego se volvía a sentar para volver a jugar piedra, papel o tijera, jajaja.
¡También recibí mi paquete! Y no pude haber sido más feliz. Qué mejor día para que llegara o que me lo entegaran, que en navidad. Me encantaron todos los regalos y le agradezco a toda mi familia, a casa uno de ustedes y en especial a mis papás hermosos preciosos que hicieron todos los esfuerzos del mundo para mandarlo. ¿Pero saben qué fue lo que me hizo más feliz y hasta llorar de felicidad? Las tarjetas. Ver escritos todos esos buenos deseos de mi familia, eso me hizo la Sara más feliz sobre la tierra. Los amo mucho y ya quiero verlos y que se arme buena la fiesta; pero ya será en su momento, porque ahorita estoy disfrutando Taiwán como no tienen idea. Pero yo sé que me estarán esperando. 
¡Mil gracias! 
Y la aventura del día de hoy comienza así:
Resulta que estaba muy feliz esperando el camión –ah, porque ahora tomo el camión para ir a la escuela y el metro para regresarme– cuando en eso llega un señor borracho a ver cuál camión tomar. Él estaba muy concentrado haciendo las rutas con sus manos y luego riéndose solo. Afortunadamente no me tocó esperar mucho por un camión que me sirviera para llegar a la escuela, así que me subí y fui al fondo, como siempre, pero en eso veo que el señor viene y se sienta enfrente de mí (las últimas dos filas hacen que los pasajeros se vean frente a frente); no me asuré, pero sí me quedé con cara de “¿qué demonios hago?”. Una muchacha que estaba conmigo en la parada de repente volteaba para ver qué onda, yo supongo para ver si necesitaba ayuda o algo, jaja, pero hasta eso que Mr. Pisto era un borracho buena onda y hasta medio sabía inglés. Decía “oh, good”, “modern lenguage” y otras cosas y yo nomás le respondía moviendo la cabeza y haciéndole señas de “ah, bien”. En eso, llegamos a la siguiente parada, que es la de Nicole ¡y ahí estaba ella! No tienen idea de lo aliviada que me sentí, jaja. Llegó, se sentó conmigo y después se dio cuenta del amigo. Al principio todo bien porque él estaba muy en su rollo y nosotras platicando pero de repente se ponía a escucharnos como para ver si entendía o qué se yo y nomás nos veíamos con cara de “¿qué diablos?”. En una de esas, de la nada se quitó la camisa y empezó a contar en chino del uno al ocho y dijo “eight” y se puso de nuevo la camisa… Jajaja, what the hell. Mi único temor, la verdad, era que vomitara y en eso empezó a toser y nos hubieran visto, casi corríamos porque pensábamos que iba a vomitar; en serio se hubiera atacado con mi cara de miedo, jajaja. Pero no, sólo tosió y después estaba bien. Luego se le quedó viendo a Nicole (supongo que por sus ojos verdes) y Nicole nomás se quedó literalmente así: O___O y a mí me dio un poco de risa y en unos segundos él dijo que perdón y se incorporó. Después oímos nuestra salvación: 
“Students, students, if you feel sick of him, you can change seats, everybody’s watching” (Estudiantes, si no están a gusto, se pueden cambiar de asiento, todos están viendo; no es literal, pero esa es la idea).
No podíamos habernos sentido más felices. Por supuesto que nos fuimos casi corriendo hasta adelante y ya muy tranquilas nos sentamos. Después de unas paradas, se fue para enfrente con su radiecillo prendido, puso el radio en otro asiento medio lejos de él y se sentó, recibiendo muchas miradas desaprobatorias. En eso una viejita que se subió preguntó que de quién era el radio toda enojadilla, él fue por él y la señora le dio una mirada de esas que dan las mamás de “¡Compórtate o ya verás cómo te va cuando lleguemos a la casa!”, jajaja. La verdad sí nos medio asustamos así que estando cerca de la parada nos acercamos a la puerta y en un alto el chofer como que nos vio la intención y nos dijo que si nos queríamos bajar; por supuesto que aceptamos, le agradecimos y nos bajamos corriendo. ¡Lo amamos! jajaja. Ay, no, y después de eso ahí nos ven corriendo a la parada hasta que pensamos “¿qué tal si se baja ahí?”, así que nos arriesgamos a tomar un camino distinto, porque de todos modos somos expertas en perdernos y después de todo, llegamos a la escuela, sanas y salvas.
Jajaja, qué buen susto nos llevamos, pero más que nada, ¡qué alegría de no ser vomitada!
Sin duda esa es una historia que merecía ser contada. 
A ver si mañana o el sábado les cuento de mi cumpleaños y ya les estaré poniendo fotos de todo.
¡Saludos desde mi bello Taiwán!

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