De enero a marzo de 2015, formé parte del equipo de Casanicolás, casa para migrantes.
Ubicación: Guadalupe, Nuevo León.
A unas cuantas estaciones de distancia en transmetro y metro de Monterrey, Nuevo León.
Ya que mi otro proyecto no se prestaba para continuar con el concepto de nuestro voluntariado (las cosas ya no eran como antes, distintos factores hicieron que la dinámica para nosotras cambiara y eso ya no se prestaba a seguir el concepto original), me ofrecieron un cambio de proyecto.
Vicky se quedó en Puebla para iniciar la universidad y a mí no me podían mandar a un proyecto que ya tuviera voluntarios porque ellos ya tenían una dinámica armada, así que era tiempo de comenzar con un proyecto nuevo y sola. Que no me daba “miedo”, pero admito que no iba a ser lo mismo sin Vicky y sin alguien que entendiera cómo me sentía.
Para mi buena fortuna, el equipo de Casanicolás es muy buena onda y me trataron muy bien desde el principio.
El Padre Luis Eduardo, un tipazo; Rigo, súper chistoso y buena onda; Don Lore, platicador y simpático; Don Kike, ¡un pan de Dios! Nelly, muy entregada; Boni (a quién le estaba enseñando a leer y escribir), muy buena onda, muy lindo y era mi fiel guardaespaldas, jaja; Damián, muy lindo y con un corazón enorme y por último pero no menos importante: Katy, mi salvadora, jaja. Katy era psicóloga en Casanicolás y también la que más se acerca a mi edad, por lo cual congeniamos muy bien y nos llevábamos de maravilla; Katy, no sé qué hubiera hecho sin ti, ¡gracias por escucharme siempre! Te quiero y te extraño.
Equipo de Casanicolás: ¡los extraño!
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| Cuando escribió su nombre por primera vez! |
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| Boniiiiii |
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| Lichita, Tenchita, Amadita y la Rosi. ¡Puro amor! |
Además de este equipo anterior mencionado, hay distintos grupos o personas que se turnan para ir a ayudar a la casa o donar cenas una o dos veces por mes.
De mis equipos favoritos eran las muchachas, 4 señoras de edad avanzada que traían vida a la cocina!
Era una energía tan bonita y alegre la que fluía con ellas en la cocina que las jóvenes eran ellas. Sin duda, la juventud es un estado del alma. ¡Las extraño! Me encantaba abrazarlas y oírlas pláticar. Son puro amor y no importa si hace mucho frío o llueve, los viernes no faltan. ¡Admirables!
Por supuesto, cada una con su propia historia que las motivaba a ir.
Se llevaban la lotería, cantaban, daban premios y llenaban de vida el lugar.
Magda y su familia fueron muy atentos y lindos conmigo, invitándome a salir y mostrándome Nuevo León. Magda, si alguna vez lees esto: ¡estoy eternamente agradecida por todas tus atenciones y las de tu familia, gracias!
Alita, también se tomó el tiempo de salir conmigo junto con su familia y también me divertí mucho.
¡Muchísimas gracias por todo, de verdad!
En la casa, compartía cuarto con las mujeres migrantes. Debo admitir que cuando recién me dieron la noticia, sí me asusté. No porque dijera “ay, ¿cómo voy a estar con ellas?”, sino porque a fin de cuentas, era compartir un espacio “personal” con muchas personas que no conocía y que así como llegaban, se iban; podía cambiar de compañeras incluso todos los días y si es a veces difícil adaptarte con alguien con quien vives por 6 meses (me fue bien contigo, Vicky, jaja 😜), pues más con alguien que no sabes por cuánto tiempo se va a quedar. El cuarto tenía literas y a mí me tocaba en la esquina donde me habían asignado casilleros, los cuales tenían candado. A decir verdad, no me agradaba mucho la idea de tener que poner candado a todos (además, me daba mucha flojera andar abriendo y cerrando cada vez que quería algo), pero uno nunca sabe quién tiene buenas costumbres y quiénes no… Chale.
Había un baño que todas compartíamos, una tele que no servía y mucho espacio para platicar.
Debo admitir, que de no haber dormido ahí, no hubiera conectado tanto con algunas de ellas, porque era en la privacidad del dormitorio, donde se abrían y compartían cosas que afuera no decían. Es impresionante la valentía que tienen todas estas mujeres. Los hombres también, no les quito mérito, porque eso de aventurarte a un país que no conoces, por todos lo caminos peligrosos que hay que atravesar sin nada certero, no es nada fácil. Pero al ser mujer están expuestas a muchas otras cosas que aunque también existe el riesgo, los hombres son un poco menos propensos a experimentar.
Es admirable cómo después de todo lo que se sufre, todo lo que se escucha, se atrevan a emprender este viaje a lo desconocido con la meta de alcanzar ese “sueño americano” que no está garantizado.
Lo que lleva a pensar ¿cómo tendrán que estar las cosas para que ésta sea la mejor opción?
De verdad cuando me contaban historias de lo que pasaban, no sabía qué pensar, me quedaba en blanco. Es un contexto completamente diferente. Es verdad que muchas veces, la realidad supera la ficción.
En muchos casos, migran por falta de trabajo, por conseguir dinero para su familia porque hay alguien enfermo o darle educación a sus hijos o se van porque tienen deudas, pero hay algunos casos en que es tanta la violencia, que lo mejor es salir. No me imagino estar en tanto peligro, que la mejor opción, es exponerse a la violencia del camino a EE.UU.
Hay quienes desde temprana edad tienen que salir (a partir de los 14, aprox.), pues es quedarse y ser reclutados por “La Mara” o morir. Así que la mejor opción, es decir adiós y buscar refugio en otro lado.
Hay quienes han ido y regresado, hay quienes llegan pero no duran ni un día pues son deportados.
Hay quienes son deportados y al poner pie en su país de origen, emprenden el camino de vuelta al otro lado. Pero así como hay lados tristes o trágicos de la historia, está la parte divertida, la parte buena.
Después de todo lo que pasan, hay algo que no se pierde: la esperanza. Es tan bonito ver cómo después de lo que han pasado, llegan y te platican sus vidas, sus aventuras y todo esto entre bromas y risas y algunas hasta con orgullo. Tengo muy presente un señor que ya llevaba 17 intentos, algunos exitosos, otros fallidos, ¡pero 17!
Me gustaba platicar con ellos; no era fácil y en ocasiones era muy triste y no con todos sentía esa confianza, pero había quienes solos se acercaban a platicar y yo me dedicaba a escucharlos. Son tantas las historias que me compartieron y tan impresionantes, que hay muchas que de verdad parecen difíciles de creer.
Te invito a que les des una oportunidad. No todos vienen huyendo por ser “criminales”. Todos son humanos, como tú y como yo.
Te invito a que les des una oportunidad. No todos vienen huyendo por ser “criminales”. Todos son humanos, como tú y como yo.
Estando en la casa, tuve la oportunidad de conocer más acerca de los derechos humanos. De hecho, me tocó participar en el primer Foro de DDHH del Consejo Juvenil del Consulado Americano de Monterrey (donde me tocó participar en el tema de migrantes LBGTI, lo cual me pareció muy interesante, porque no es algo que te plantees todos los días; como migrantes tienen dificultades, pero esto puede hacerles todo aún más difícil) y también en un Foro de Igualdad y no Discriminación.
Me da mucho gusto por Monterrey, ya que tienen los índices más altos de discriminación y hay una gran cantidad de personas conscientes de ello e interesadas en lograr un cambio.
Gracias a estos eventos, pienso enfocar mi carrera a los DDHH. Todavía no decido exactamente cómo, pero por lo menos me voy haciendo una idea.
Ahora que me pongo a pensar, qué pequeño es el mundo. Justo antes de terminar la prepa, los proyectos finales estaban relacionados con el fenómeno migratorio; todo parecía girar entorno a ello. Teníamos que hacer un producto dirigido a migrantes y en informática, una base de datos que se relacionara.. Poco iba a saber que lo iba a ver tan de cerca y lo poco que en realidad sabía.
Este proyecto me enseñó mucho sobre la vida y las distintas realidades que existen. Unas tan inverosímiles que desgraciadamente, son verdad. Pero también me enseñó que la perseverancia no se le da a cualquiera. Todos los que han pasado por CasaNicolás tienen un propósito y sea bueno o sea malo, se atrevieron a perseguirlo a pesar de las dificultades. Eso es valentía, no fregaderas.
¿Cuántos de nosotros la tenemos mucho más fácil que ellos y sin embargo elegimos poner excusas o no quedamos admirando ese sueño como algo intangible o lejano?
Ustedes, hermanos migrantes, me enseñaron que después de todo, todos somos migrantes y que no importa que tan difícil pueda ser el camino, mientras tengas un sueño por alcanzar.
Un agradecimiento especial a Juan Pablo por siempre estar ahí para escucharme y alentarme.
A Martha Alicia por ayudarme a aclarar mi camino.
A Marce por alimentarme y recibirme en la casa siempre.
A todo el equipo de vocaciones del voluntariado Jesuita.
¡Y a todos los que han estado ahí conmigo durante todo este proceso!








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